El Informe del Defensor del Pueblo (2000) en una de sus conclusiones dice que las agresiones en los centros educativos, no se limitan a las que se producen entre iguales. “Existen con frecuencia en los institutos y colegios agresiones tanto de alumnos hacia profesores, cómo de éstos hacia los primeros” (p. 188). Cuando se preguntaba a los alumnos víctimas de acoso, éstos sólo se refieren al profesor como agente de maltrato (1 %), en los de tipo “verbal”. En el posterior Informe del Defensor del Pueblo (2007), se afirma que “la incidencia de estos conflictos no ha aumentado ni disminuido en los últimos siete años” (p.251), si bien, un 43 % de alumnos, responde haber visto “a veces” en su centro, que algún profesor se “mete con un alumno”, mientras que un 6.6 % lo ha visto “en muchos casos”.
El pasado día 4 de enero, varios medios de comunicación publicaron la multa de 300 euros por “burlarse de él durante la clase” y por llamarle ante sus compañeros, “ceporro, palurdo e inútil”. Además, la noticia reseña que en otra ocasión, cuando otro alumno le dijo al docente “que se fuera a la mierda” este contestó que ya estaba en ella.
Opino que este tipo de reacciones de los docentes se explican (que no justifican) por una forma de adaptación del docente a un medio terriblemente. La convivencia en esa aula (cómo en muchas otras) debe ser terrible. ¿A qué presión debe estar sometido un docente para llegar a tal estado de enajenación y responder así a un alumno?
Desde luego, eso no es en absoluto justificable. Un docente nunca debería agredir a un alumno (ní física ni verbalmente). Esos alumnos son “culpables” por sus comportamientos. Pero de esos comportamientos son responsables, en primer lugar, los padres del alumno que no le exigen absoluto respeto hacia sus profesores. Y es responsable el Equipo Directivo del instituto, con el Jefe de Estudios a la cabeza, por permitir esos comportamientos violentos de determinados alumnos contra sus profesores.
Opino, como acabo de decir, que la respuesta violenta del profesor en este caso y otros similares, responde a un proceso adaptativo al medio hostil en que, en la actualidad se desenvuelven los docentes en el desempeño de sus funciones. Una adaptación, para nada aconsejable. Es necesario buscar otros caminos para solucionar el problema, que nunca debe abordarse desde una perspectiva docente violenta. El docente, sean cuales sean las circunstancias, jamás debe comportarse como un “modelo” violento.
