El día 25 de septiembre de 2004 apareció en el diario El País la esquela de Jokin. En ella un texto de 11 líneas describe el inmenso dolor de los firmantes: “Tu familia”. Ese dolor es lo único que deducimos a través de la esquela. Sin embargo, en la sección de “Cartas al Director” en ese mismo periódico y en esa misma fecha se publica una carta bajo el título “Acoso insoportable”. En ella leemos que Jokin cumpliría ese mismo día 15 años, pero cuatro días antes se había suicidado. Jokin llevaba más de un año soportando humillaciones y vejaciones constantes en su Instituto, y desde hacía varios días, palizas diarias. El hecho sucede en Hondarribia (Guipuzcoa), y Mónica C. Beloza, de Madrid, firmante de la carta, se pregunta…” ¿Dónde miraban los profesores mientras Jokin sufría, delante de sus ojos?, ¿Qué hace el Estado con nuestros hijos, en sus escuelas cuando se los confiamos?, ¿Qué clase de mundo estamos construyendo que hace de niños de 14 años torturadores sistemáticos y sin escrúpulos?”.
Ciertamente los profesores tenemos una gran responsabilidad en ello, no tanto jurídica, sino moral. Y deberíamos prestar más atención para impedir casos como el de Jokin. Para ello es necesaria una mayor concienciación entre los docentes de los efectos devastadores que en determinados alumnos/as puede llegar a producir el maltrato entre iguales.
